20 de febrero de 2009

La amiga de mi novia







Cuando conocí a Andrea me enamoré completamente de ella ( o pensé estarlo como muchos que se enamoran ) , quedé idiotizado con su dulzura, deslumbrado por su sencillez y su forma de ver las cosas, su amplio sentido del humor, sus palabras precisas en el momento preciso, su particular personalidad, su interesante timidez, su encantada simpatía, su incomparable comprensión, su afán de superación y su delicada ternura, fue tan especial el hecho de conocerla que mi prolongada faceta de “gavilán pollero” dio un freno inesperado y muy brusco pero amortiguado e invadido por el requiebro de su suavidad, era mi chica y yo, y no había nada ni nadie que estropeara ese momento ( o eso pensaba hasta entonces ).

Una tarde mi creativa novia organizó una “alentadora” salida en parejas, sin antes consultármelo, claro está (se trata de un inmemorial ritual femenino, donde tu impaciente novia y su muy mejor amiga hacen hasta lo imposible por verse, pero saben que tienen al lado a dos criaturas del sexo opuesto sin el mínimo interés de conocerse, sin embargo ellas por alguna razón desean que en el acontecimiento fortuito esas criaturas se conviertan en los inseparables “Nopo y Gonta”).

Andrea me contó que ella era una vieja amiga de la escuela, compañera de carpeta, que no veía hace mucho, ya que viajó a Canadá por la separación de sus padres y allá aprovecho en concluir sus estudios, su nombre era Natalia y esa fue toda la información que obtuve de ella, mientras mi novia y yo íbamos rumbo a la “exclusiva discoteca” (lugar muy concurrido amenizado por un potente equipo estereofónico) donde se había previsto el “esperado” encuentro.

Esa noche en la discoteca, mientras esperábamos a la singular Natalia y a su incógnito acompañante, no veía llegar la hora de irme, ya que la noche anterior había sido extremadamente pesada gracias a las intempestivas prácticas universitarias y no seria exactamente catalogado como un buen anfitrión.
En el lapso de la espera se dio esta famosa, célebre y renombrada conversación de pareja:

- ¿Que tienes amor?... ¿Estás aburrido? ( ¿Aburrido?, estaba cansado, exhausto, enojado, y apunto de perder mis sentidos auditivos gracias a ese potente equipo estereofónico )

- No amor descuida, solo estoy un poco cansado, ayer me quede estudiando toda la noche. (¿Cansado?, estaba sumamente enojado por las “ideotas” de mi impaciente novia, sin una mínima consulta previa a su galán )


- Hay amor, discúlpame, no quise estropearte la noche, pero hazlo por mi ¿si? (¡Hay por dios!, esa mirada, esos ojos color miel, tenia un rostro tan dulce, que era imposible e inhumano decirle que no a esa bella criatura del señor).


Mientras nos mirábamos fijamente a los ojos ella desvió la mirada, se puso de pié de un brinco, alzó los brazos entusiasmada y haciendo señas dijo:

- ¡Natalia!, ¡ya llegó!, ¡acabo de verla! ( ja! Ya era hora, ¡¿que creía esa chica, que tenia toda la noche?! )

- ¿Así?, y ¿donde está? ( Quería darle una pequeña clasecita a esa señorita sobre lo que significaba puntualidad )


- Viene con su novio, ¡hay!, se ven tan bien juntos… (si de algo sufría mi adorada novia era de un patético y enorme sentimentalismo).


Mientras oía que Andrea y su impuntual amiga se saludaban con mucho entusiasmo, yo por otro lado me hacia el desentendido con mi eterna copa en la mano y curioseaba la pista de baile desde mi rincón.
En eso escuché la suave voz de mi novia:

- ¡Amor!, ¡Amor!, ven, quiero presentarte a mi queridísima amiga Natalia y a su novio Gustavo. ( bueno ahí iba mi fingida sonrisa de anfitrión improvisado )

Cuando vi a Natalia no sé porqué ( si sé porqué ) todo lo que dije al inicio de este relato sobre mi dulce novia se fue desvaneciendo, ella era una divinidad, era esplendida, era radiante, era sumamente atractiva, era muy sensual, tenía una profunda y afilada mirada, unos sabrosos labios delineados por un acentuado lápiz, un atrayente cabello rubio que jugaba con su espalda, una piel finamente bronceada, ligeramente marcada y trazada por un tentador bikini, un cuerpo que inducía al deseo ( para ser más exactos es el voluptuoso cuerpo al que la clásica envidia femenina condenaría con la resentida y rabiosa frase del “hay que asco” ), era simplemente hermosa, no es que mi novia sea fea, pero no sé porque la dejaba como popularmente se dice “chiquita”.
¡Ah si!, también Natalia había llegado con Gustavo (lo había olvidado), y llegaban de la mano, a primera impresión se podía ver que era un chico muy tranquilo, un tanto torpe al momento de hablar, algo anticuado en su forma de vestir ( ¡hey!, yo no era un fijón, pero era inevitable examinar al tipo que estaba al lado de la fantasía sexual de toda la discoteca ¿no? ), parecía que lo había peinado su mamá ( o sea lamido y de librito ), era como un homenaje a lo antiestético, en pocas palabras era lo más aproximado a un nerd, lo increíble de todo esto, era que ese prototipo de Paul Pfeiffer , era el único con libre acceso al mayor placer buscado por todos los hombres de esa noche y yo era el principal espectador.

Mientras las dos parejas de la noche tenían su larga plática, pude notar la soltura que poseía Natalia al hablar y compararla con la torpeza de Gustavo, por momentos (toda la noche) me preguntaba como una mujer como ella se pudo haber fijado en un tipo como Gustavo (¡oigan! No quería ser cruel pero el tipo era un perdedor), en tanto la plática se extendía pude notar algo.
Mientras Andrea conversaba con Natalia y yo desviaba la mirada por observar a la nueva “amiguita” ella desvió la suya también y nos concedimos ese intimidante cruce de miradas por una micro milésima de segundo que se me hizo una eternidad , bueno eso se sentía muy bien (no todos los días uno cruza miradas con la chica que se presenta calenturientamente en la penúltima página de “caretas”), pero bueno eso fue un golpe de suerte y ahí quedaría todo ( sólo quedaba resignarse ¿No?, pues como dicen el que puede… puede y el que no aplaude ), al rato otra vez aceche ( era imposible no hacerlo ), ella se percató de eso, me miró, pero esta vez “un poco más allá de lo evidente” ( me pregunto si esta chica tendría algún vinculo o parentesco con leon-O) y se le dibujo una sonrisa muy coqueta en los labios (era acaso que la amiga de mi novia me estaba haciendo ojitos).

Lo más curioso y gracioso de esa noche es que conversé mucho con Gustavo y me cayó muy bien (¡Hey!, No se le podía quitar méritos al chico ¿no?, ¡¿vieron a su novia?!), a pesar de todos sus defectos era un buen muchacho, intercambiamos números telefónicos (al parecer el inmemorial ritual había sido todo un éxito).
Esa noche salimos muy tarde de la discoteca así que sólo quedaba despedirnos, un hasta pronto a Gustavo y un desconsolado adiós a Natalia.

Más tarde esa misma noche, cuando llegue a casa, después de haber dejado a mi novia en su inaccesible morada, con una previa “carajeada” de su señor padre hacia mi persona por el “breve retrazo” (al que por cierto nunca le caí muy bien que digamos, se le señalaba como el autor intelectual y principal sospechoso de varias desapariciones de animosos e iluminados pretendientes de su retoño).

Tendido en mi cama comencé a pensar en Natalia y en lo muy bien que se le veía con ese corto vestido escotado, en su incomparable belleza y como olvidar esos tentadores cruces de miradas que nos concedimos en la discoteca, como en lo muy provocadora que podría llegar a ser y pensé ya resignado que talvez (quién sabe) algún lejano día podría hablar con ella.
Cuando estuve apunto de pegar los ojos algo interrumpió mi bienaventurado sueño, era el bendito celular (¡a quien carajos se le ocurre llamar a las 5 de la madrugada!), era un número desconocido, así que no me quedó otra que contestar ( e ir pensando que agravio le iba a propinar al inopinado interlocutor ).
Entonces con un expresivo bostezo contesté:

- ¡Aló! (es efectivo eso del bostezo, es una clase de clave muy famosa para que así el interlocutor capte tu molestia y sepa que lo estas maldiciendo muy finamente)

- Aló… ¿Pierre? (escuche una voz femenina, una voz que se me hacia familiar)
- ¡Si!, ¿con quién hablo?

- ¡Hola Piercito! (¡¿Piercito?! la única persona a la que le había permitido llamarme así era mi abuelita y no iba a aceptar que una chica me llame a las 5 de la madrugada y se le ocurra nombrarme inocentemente ¡Piercito!), ¡Soy Natalia! (…aunque pueden darse algunas excepciones ¿no?, mi voz cambió de la somnolienta a la de apuesto galán de novela mexicana)


- ¡Hoooola Natalia! ¿pasó algo? ( la pregunta exacta era ¿Quién te dio mi número?, aunque conociendo a su novio no era necesario estudiar el caso y menos llamar a un detective para hallar al responsable)

- No nada, sólo quería saludarte… (aja…)…estuvo muy divertida la noche ¿no?… (aja…)… me caíste muy bien (¡llamando a la torre de control, llamando a la torre de control!…)… y mañana tengo que ir a comprarle un regalo a Gustavo… y me preguntaba si tu… podrías… acompañarme para que así me des tu opinión… ( ¡ja! acaso esta chica requería de mi “sabia opinión” o la dulce compañía de un galán…!como yo!)


- ¡Claro!, yo te acompañaré con mucho gusto (me preguntaba si mi novia estaba enterada de esto… pero en fin, son amigas ¿No?, no habría de que preocuparse)

- ¡Perfecto!, entonces mañana te espero en el supermercado a las 5, ¿te parece? (iban a ser las 12 horas más largas de mi vida).


- ¡Claro!, ahí estaré.


Ese día, más tarde, después de 10 horas de espera, 1 de intenso acicalamiento (humedecí, enjaboné, enjuagué, acondicioné, cepillé, sequé, talquié y perfumé), y otra más de selección de vestuario. Estuve en el supermercado (muy puntual) esperando a Natalia, ella llegó al rato ( estaba preciosa ) y nunca fuimos a comprar ninguna clase de regalo, me contó en el transcurso de la noche que ellos habían sostenido una fuerte discusión por unas tonterías mientras tomábamos un café, me dijo que Gustavo no era el hombre que esperaba y me explicó que ya nada era lo mismo, yo le pregunté si había otra razón, un motivo en particular, ella después de un prolongado momento de mucha insistencia, mirándome directamente a los ojos contestó:

- Hay otro hombre Pierre… ( yo también la contemplé y no se porqué razón quedé muy callado, quizá porque aun no llegaba a desconectarme de sus ojos, o porque por la forma que lo dijo sentí que iba directo hacia mi )

Ella se acercó y me besó (!que beso!), salimos del café un tanto confundidos, desorientados y fuimos a caminar por la playa (ella y yo sabíamos perfectamente que lo que hacíamos no estaba nada bien, que éramos dos tontos haciendo daño a dos seres, pero en medio de todo eso –esa noche- no quisimos darnos cuenta)

Ambos comprendíamos que todo esto era una locura, una locura de media noche, que no se volvería a repetir y que con un beso sellaríamos ese secreto.

A los pocos días recibí una llamada, era Gustavo:

- ¿Puedo ir a verte? (Lo sentí muy angustiado, y con una voz entrecortada)

- ¡Claro!, ¿te encuentras bien? (pensé en lo peor)


- Cuando esté allá te cuento… estoy ahí en 5 minutos… (Colgó y yo quede aun con el auricular presintiendo todo lo que pudo haber ocurrido)

Salí a esperarlo a la puerta, bajó de su auto y cuando me acerque a el pude notar que estaba desorientado, confundido, triste y un tanto lloroso.

- ¡¿Qué sucedió Gustavo?!

- Natalia… (mencionó su nombre muy desconsolado mirando al suelo)


- ¡¿Qué pasa con ella?! (me encontraba alarmado)

- ¡Ella conoció a otra persona!, ¡tiene otro! ¡y terminó con nuestra relación! (si, me daba asco, me sentí una basura, una cruel y desleal basura)


- ¡¡Queeee!! (!ah si!, Queeee...), y… ¿te dijo quién era esa persona? (¡di que no, di que no!)

- No… (¡Oh gracias santísimo Dios!), pero me dijo que pronto lo sabría ya que lo vería con mis propios ojos… (¡oh no! Que parte de la palabra “sellar” no entendió esa chica).

Toda esa tarde traté de consolar a Gustavo mientras se desahogaba, me pedía consejos (era curioso porque yo también los necesitaba), era muy difícil aguantar, resistir y saber sobrellevar todas las injurias, insultos, agravios, ofensas y esas frecuentes mentadas de madre con las que calificaba muy encrespado y a la vez herido a su desde ya proclamado “rival serruchero”.
Cuando el se fue, yo también me encontraba demasiado golpeado, afectado y tocado por ser tan descarado, tan caradura y caer tan bajo, enseguida tomé un taxi y fui en busca de Natalia, quería dejar todo en claro (que ella tuviera todo en claro), yo amaba a Andrea, ella era todo para mi, significaba mucho y por una estúpida locura no iba a terminar con algo que estaba construyendo y que tenia mucho futuro.
Llegué a casa de Natalia, ella salió, le dije si podíamos hablar, me dijo que pasara (al principio no quise, luego acepté).


- ¡¿Por qué terminaste con Gustavo?! (se lo cuestioné muy alterado)

- ¡Sabes perfectamente porque ¿no?! ( ¡ja! ¿Si se por que?, Gustavo me había sometido a 3 horas de sus interminables hipótesis)


- ¡Natalia esto se está saliendo totalmente de control!, ¡sabes perfectamente en que quedamos esa noche! (quería hacerla entrar en razón)

- Pero yo creía que…


- ¡Natalia, amo a Andrea, lo que pasó entre nosotros fue un incidente, una aventura que se dio por el momento, por las circunstancias, fue algo que nunca debió pasar, Andrea es la única mujer que tengo todo el día en la cabeza…en verdad lo siento (se que fui muy duro al decirle todo eso mientras ella me miraba con sus brillosos ojos y rodaba una lagrima por su mejilla).

- Creo que será mejor que te vayas… (lo dijo con una rabia reprimida a causa del dolor, a causa de su pena)


Muy decidido y dejando todo atrás tomé otro taxi, fui en busca de Andrea, no la llamé, quería darle una sorpresa, le diría toda la verdad, todo lo que había ocurrido, se que me jugaría por entero, que talvez la perdería, que quizás ya nunca más iba a querer verme, ni saber más de mi, pero no quería que haya otra mentira entre nosotros, deseaba que todo sea transparente como desde el primer día que nos conocimos, iba a pedirle perdón y esperaba que me perdone, iba a decirle que la amo y esperaba que me ame después de todo, sólo quería llegar y abrazarla, besarla y nunca más desprenderme de ella…

Cuando por fin llegue a su “morada”, por un momento me quedé viendo todo ese paisaje, nació en mi una sonrisa (seguramente al pensar que aquí fue donde nos vimos por primera vez y huíamos de su celoso padre), entonces sencillamente me acercaría y tocaría su puerta (¡¿tocaría su puerta?! ¡ja! seria como tocar el portón de un castillo y pedirle permiso al “dragón” para rescatar a la princesa), de pronto escuché unas carcajadas, me llamó la atención, al parecer Andrea estaba en su sala, por lo tanto opté al rondar por la ventana (se que seria un poco difícil, pero me arriesgaría, era importante para mi hablar con ella y que todo vuelva a ser como antes), cuando por fin pude ubicarme debajo de la ventana, poco a poco me asomé en ella, ya no habían carcajadas, sólo silencio, cuando pude al fin ver, ella estaba sola sentada en su sillón (era mi Andrea), empecé a llamarla (ella no llegaba a escucharme), luego sólo vi… apareció Gustavo dentro de la casa, ambos reían (ya no era el desconsolado Gustavo que estuvo en mi casa toda la tarde), el llevaba dos copas de vino en las manos, uno se lo ofreció a Andrea y mientras lo recibía se dieron un apasionado beso en tanto dejaban las copas a un lado (quede impactado, sentía como me derrumbaba por dentro, no lo podía creer, no lo quise creer, no quise ver más, yo le había roto el corazón de la manera más cruel a alguien hace unos minutos, ahora de la misma forma me lo rompían a mi).
Aquella noche de verano fui a caminar solo, con el corazón roto, sin nadie a mi lado, cuando más lo necesitaba… entonces entendí que a veces sólo pensamos en ser perversos, viles y crueles con una travesura, pero nada de eso es suficiente ni comparado con el daño, la pérdida y la soledad…

-¿Pierre?...

-¿Natalia?...













































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10 de febrero de 2009

Mi madre y la dictadura








Ya concluida mi amplia etapa escolar en mi cuestionada “alma máter” (en la cual la visión y misión estarán siempre algo distorsionadas, o quizá con alguna otra connotación) – “era un colegio policial del barrio donde nací”, llevaba el nombre de una santa que no había cometido falta alguna y que para su mala suerte por alguna razón alguien la nombró después patrona de la policía, cabe aclarar que yo solo era un pobre e indefenso niño que solo obedecía y acataba las ordenes de mis padres, ellos nunca me consultaron si en realidad yo quería pertenecer a ese centro educativo que con el transcurrir de los años cambio de ser centro a institución educativa (que dicho sea de paso me dio igual).

Este colegio tenía como “garantía” hacer de tu niño todo un hombre hecho y derecho (propuesta que alentaba a mi angustiada e interesada madre), tener el gallardo porte militar, el cabello cortito, los galones brillantes, la corbata ajustada, la insignia bien posicionada (que de tanto imperdible mi madre decidió cocerla), la cristina obligatoria para cada lunes cívico, la infaltable escarapela (en caso de fiestas patrias), los zapatos bien lustrados, una voz de cadete de quinto año y un paso marcial (bueno así lo decían los redundantes maestros de ceremonia) cuando abríamos un desfile en la parada militar, en el campo de Marte o en el mercado de la vuelta donde desde ya éramos fieles caseritos y que hacia delirar a nuestras entusiasmadas madres.

Para ser sincero por un momento me llego a gustar, mucho más cuando estuve en quinto grado de secundaria, ya que me nombraron con el “majestuoso” cargo de escolta y todos eran mis fieles vasallos, podía gritar, lornear, subestimar, minimizar a los demás, lornear otra vez, entre otras cosas, yo era algo así como el “Jaguar” y sus innumerables “Esclavos” (o así lo quiero recordar).

Hasta que un desafortunado día tuve una fuerte discusión con el jefe de normas académicas (distinción muy vanagloriada para su insuficiente capacidad cerebral y sujeto responsable de muchas crucifixiones, digo, expulsiones) una clase de Poncio Pilatos con un par de clasecitas en pedagogía, o algo parecido a una discusión con la Madre Superiora en un colegio de monjas, como consecuencia fui destituido de mi cargo e invitado al retiro mismo general Donayre, pero a diferencia que a mi nadie me quiso cargar en sus hombros y mucho menos traer un caballo, bueno aunque me tuve que conformar con “Tatán” el viejo y carachoso perro del colegio y su infaltable e imprescindible limón colgando del cuello.

Ya que este breve periodo por los altos mandos fue inevitablemente frustrado y no respondió a mis expectativas de soldadito contestón, motivó a mi posterior rechazo por las fuerzas armadas, aunque a mi madre ese parecer le importaba muy poco (un pito para ser más exactos), ella siempre fue una mujer muy campechana, alegre y divertida, siempre tuvimos una buena relación, cualquier decisión que yo tomara siempre tenía que llevar el sello de su aprobación y consentimiento, en este caso mi lema y eslogan era el “no a las fuerzas armadas”( y todo lo que se le parezca)- el año escolar ya iba concluyendo y yo sabia lo que se avecinaba, sabia lo que tramaría mi madre, pero no cual sería su “plan de operación”.

Una mañana muy a gusto me levante y fui a la mesa a engullir mis aperitivos mañaneros (que comúnmente consta de un café y dos panes con lo que haya, si tengo suerte) en cuestión de segundos percaté que en mi festín se habían incluido sorpresivamente dos vasos de dimensiones muy colosales inundados de un consistente jugo de plátano con leche, el café fue reemplazado por un quaker (ese donde sale un gordito cachetón) y biscochuelos por montón, por un momento al estar muy conmovido por el interés de mi madre por mi sana y un tanto exagerada “balanceada” alimentación vino a mi mente la célebre frase: “Porque madre solo hay una”, mientras ingería el consistente jugo y me atragantaba con los biscochuelos recién salidos del horno.

La faena se repitió por los tres días siguientes, al cuarto día vino a mi una inquietud, ¿Por qué mi señora madre estaba tan obcecada en darme todo ese banquete?, ¿Será porque me quiere ver sano y saludable?, ¿el plátano esta barato?, ¿se afilio al vaso de leche?, ¿me habrá visto con poco potasio?- (cabe señalar que en ese tiempo estaba yo muy flaquito y recordé que en una oportunidad el jefe de normas académicas nos hablo sobre la relación que tenia que existir sobre el peso y la talla para poder postular a las fuerzas armadas y yo no era nada bajito )- entonces atine, acerté y descifré su “plan de operación”, me estaba engordando, hinchando, inflando y ensanchando, como engordan desde julio hasta diciembre a los pavos para la navidad, y efectivamente había subido un par de no despreciables kilitos ( tomando en cuenta mi no muy dotada corpulencia).

En seguida encaré a mi madre y muy enojado le cuestione cual era el propósito de su reciente muy extraña “actitud culinaria”, ella respondió con una sonrisa amable:
-Solo quería sorprenderte hijo, aparte esta muy deliciosa ¿no?, sabia que te iba a gustar, (En realidad si me había gustado y mucho, pero ja! No iba a caer en la trampa de la señora sonrisas), entonces opté por retirarme y dejar las cosas para después.

Esa misma noche fui muy decidido a hablar directamente con mi madre, quería atraparla, apresarla, sorprenderla, desenmascararla, llegar hasta torturarla para que así revele todo su “macabro plan”.

- … y mamá… ¿que haces? ( baa! ¿Que me creen? ¿Un mafioso italiano? )

- Aquí hijo…chequeando a que escuela te convendría postular (¿postular? ¡Oh no! Esto ya estaba yendo demasiado lejos )

- Mamá…

- Creo que la marina seria una buena opción…

- Mamá…

- Aunque de niño te gustaban los avioncitos…

- Mamá ¡¡no!! ( entonces ella calló y me quedó mirando )


- En realidad no quiero pertenecer a ni una de esas estúpidas escuelas, no es mi vocación, tu solo quieres decidir lo que será de mi vida sin consultarme, mamá mírame, toda mi vida te he obedecido, pero creo que es hora que me dejes elegir y buscar lo que realmente quiero (cosa que no tenia en ese momento muy en claro, pero tenia que mostrarme muy seguro ¿no?, de lo contrario mi vida correría peligro en un pelotón de fusilamiento ), hay cosas que uno se propone en la vida mamá y desea cumplirlas a pesar de todos los obstáculos y adversidades que se presenten en el camino, nada es imposible – le dije - con una sonrisa en los labios y evocando en mi memoria el popular lema de Barack Obama “ yes, we can” ( de pronto pude ver en sus ojos esa mirada, esa mirada de fe y convicción ( que solo le producen sus viejas películas Hindú ), mi madre había entrado en razón, lo había logrado y sin necesidad de pedírselo a la virgencita de Guadalupe como veo que lo hacen en su novela compactada “La Rosa de Guadalupe”)

- Postularás en marzo Pierre, tienes todo el verano para prepararte y no discutiremos más del tema ¿ok?–respondió- mientras yo veía como mí improvisado discurso era pisoteado y hecho pedacitos por la más cruel dictadura (bueno… siquiera lo intente ¿no?).

Ese verano me sometí a la inhumana dictadura, mi madre me consiguió un maestro de matemáticas que me impartía tres clases a la semana de dos horas cada una, era un maestro joven y muy particular con el que sostuve una buena amistad ya que me compartía también sus “clases de vida”, en la primera hora se atribuía la materia de geometría, aritmética, algebra o trigonometría ya para después en la segunda fracción hablar acerca de nuestras “vastas y amplias” experiencias amorosas a veces un tanto exageradas.

Al mismo tiempo mi madre me inscribió a un gimnasio (esos que se encuentran a la vuelta de la esquina y que llevan esos irresistibles carteles de ofertas “dos por uno” (agregando que sería lo único irresistible que encontraría ahí) y donde es imposible distraerse con alguna “musa” ya que solo van señoras esperanzadas, animadas y con mucha pero mucha fe.

El dueño era un tipo pequeño y regordete, no era exactamente la clase de “inspiración” que uno necesitaba o el modelo a seguir, ni el tipo robusto y fornido que publican en esos afiches de suplementos energéticos, creo que el sólo cumplía con abrir y cerrar el local, ya que luego de realizar su “inmensa labor cotidiana” sólo optaba por desparramarse en su silla por el resto del día.

Iba llegando el día y se presentaban los primeros exámenes como el clínico y el psicológico de los que salí airoso, los clásicos cadetes de grados superiores siempre se aparecían y merodeaban la zona para buscar un “inquieto postulante” al cual poder lornear, siempre que pasaban por mi lado ni siquiera los miraba y ponía cara de pocos amigos.

Solo en una oportunidad se me acerco un cadete de quinto año que se asemejaba al “muy amigable RoboCop” y me pregunto:

- ¿Quién es más alto, tu o yo?, (no se necesitaba traer una reglita y ponerla encima de nuestras cabezas para notar que yo me aventajaba por unos cinco presumidos centímetros ante el susodicho, pero ni loco me pondría a discutir con el intimidante cadete), entonces lo pensé bien y muy cortés conteste:

- ¡Usted señor! ( recuerden que yo era nuevo en estas cosas)
Entonces percato que el hasta entonces “amigable cadete RoboCop” da una sonrisa a medias un tanto sarcástica y dice:

- Eso quiero comprobarlo, ¡baja! ¡baja!- me dijo -, (lo que pretendía el condenado cadete era que me encogiera un poco y así esté a su altura, cosa que obviamente no haría, ya que pondría en juego mi dignidad al frente de los demás temerosos postulantes), yo me puse firme e ignoraba al un tanto ya fastidiado cadete (pensando que en algún momento se aburriría de tanta insistencia), pero por algún motivo y alguna razón en ese preciso instante no contaba con la astucia de otro “intuitivo cyborg” de cuerpo humanoide que pasaba por la comarca con muchas ganas de desgraciarle la vida a alguien que se cruzara en el camino ( lo único que puedo decir sobre aquel día es que mi dignidad perdió cinco centímetros).

El día del examen de resistencia física estuve muy seguro y preparado, me levante muy temprano, tome mis cosas y fui a la escuela, la primera prueba radicaba en el ejercicio de barras (todo estaba fríamente calculado, diecisiete bien hechas, una con ayudadita y asunto arreglado), la segunda prueba era la de natación (o tratar de no ahogarse) en una piscina de 25 mts al lado de siete postulantes de los cuales llegue segundo y en un tiempo razonable, la tercera y ultima prueba consistía en los 100 mts planos, al plantarme ya consumido por el sofocante sol en el tercer carril y ver a los otros siete exhaustos muchachos que correrían conmigo, sentí algo muy extraño, sentí que estaba apunto de llevar mi vida por un rumbo totalmente distinto al que tenia planeado, sentí que ella talvez ya no sería la misma y todo daría un giro impuesto quizá por un tonto capricho, sabia también que mi madre desde su perspectiva sólo quería lo mejor para mi, pero en este caso quizás “lo mejor” no era lo más acertado, ya era hora que me diera a elegir cual seria en si la meta a la que quería llegar y no detenerme por nada del mundo ( meta que no era exactamente la que tenía en frente), mientras corría ya agotado al lado de esos muchachos me detuve desconcertado a medio camino, mientras veía como ellos se alejaban fugazmente y presurosos llegaban a la meta, su meta, entre tanto sentía el murmullo de toda la concurrencia, lo único que hice fue dar media vuelta y no mirar a nadie ( tal vez porque así sería más fácil ), tomar mis cosas e irme con el primer grupo de eliminados que encontrara, quizás ese día muchos murmuraron en un tono burlón lo muy idiota que fui, pero yo se que tomé una de las mejores decisiones de mi juventud.










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